Contra la Corrección política

la corrección política

 Seguro que todos hemos escuchado hablar de este fenómeno en algún momento. Es uno de los conceptos de moda pero, como ocurre con todo lo influenciado por el posmodernismo actual, es habitual encontrar significados completamente opuestos según a quién se pregunte. 

¿Qué es la corrección política? 

La definición buenista, inclusiva o políticamente correcta del término hace referencia a evitar formas de expresión o acciones que se perciba que excluyen, marginan o insultan a grupos de personas socialmente desfavorecidas o discriminadas. (Diccionario Oxford)

O, en la misma línea: Alguien que es políticamente correcto cree que se deben evitar el lenguaje y las acciones que puedan resultar ofensivas para los demás, especialmente las relacionadas con el sexo y la raza. (Diccionario Cambridge)

 

En términos teóricos, esta definición buenista está muy bien y es suscribible por la inmensa mayoría de la población. ¿Acaso queremos ofender gratuitamente a las personas? Claro que no. 

Sin embargo, no todas las personas lo ven así. Atendiendo a las declaraciones de grandes pensadores contemporáneos, vemos cómo la teoría difiere de la práctica:

Megáfono Políticamente IncorrectoPara Mario Vargas Llosa la corrección política “En cierta forma es una nueva inquisición” o “la corrección política es enemiga de la libertad”.

Antonio Escohotado, otro gran referente contemporáneo, también difiere de dicha definición. Para Escohotado, “vemos que detrás de ese buenismo hay por una parte crueldad, por otra parte idiocia y por otra parte el viejo autoritarismo.”

Darío Villanueva, director de la RAE, opina que es “una censura perversa, para la que no estábamos preparados, pues no la ejerce el Estado, el Gobierno, el Partido o la Iglesia, sino estamentos difusos de lo que denominamos sociedad civil” 

Otra definición más explícita la aporta Axel Kaiser

“Práctica cultural derivada de ideologías de izquierda, con una gran influencia posmarxista o posmoderna, que busca reprimir, desprestigiar y censurar aquellas opiniones, figuras e instituciones que no se ajusten a una narrativa dominante según la cual, la sociedad se divide en diferentes grupos de víctimas, que son oprimidas por un victimario central -el hombre blanco, heterosexual, occidental-.”

Otra interpretación a tener en cuenta es la de Javier Benegas, autor de “La ideología invisible. Claves del nuevo totalitarismo que infecta las sociedades occidentales”. Para Benegas, la hidra de numerosas cabezas no es un fenómeno exclusivo de la izquierda, ya que muchos líderes conservadores o capitalistas también se benefician del mismo. Para este autor, “la verdadera contribución de la Corrección Política a la izquierda: la sustitución de la conciencia de clase por la de identidad.” Con todo, Javier Benegas señala:

“Así pues, nos enfrentamos a un nuevo y temible totalitarismo, una ideología invisible, líquida y polimórfica que desborda las tradicionales fronteras ideológicas. Un monstruo con vida propia que apela a las emociones y no a la razón, a las ensoñaciones y no a la realidad, que promete proporcionar aquello que cada uno desee, aunque sea una identidad imposible. Incrustado dentro del propio poder, compra voluntades, proporciona prebendas a quienes son sus cómplices…. y castiga con la muerte civil a quienes lo desafían.”

 

Referentes internacionales contra la corrección política:

Que este suceso se promueva desde la izquierda no es algo que digamos nosotros o malvados neoliberales como Axel Kaiser. Lo han dejado por escrito más de 150 intelectuales estadounidenses, muchos de los cuales afines a ideologías de izquierda, en la Carta sobre justicia y debate abierto (2020). Autores como Noam Chomsky, Francis Fukuyama, Gloria Steinem o Steven Pinker afirman que:

«El libre intercambio de información e ideas, que son el sustento vital de una sociedad liberal, está cada día volviéndose más estrecho. Aunque esperábamos esto de la derecha radical, lo censurador se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: la intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver asuntos complejos de política en una certitud moral cegadora.» 

 

En la misma línea, autores de habla hispana apoyaron esta iniciativa y redactaron una carta española contra la censura y la cultura de la cancelación. Esta carta está firmada por autores como Mario Vargas Llosa, Fernando Savater o Adela Cortina, donde señalan puntos como los siguientes: 

“manifestamos asimismo nuestra preocupación por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente.”

“Por si fuera poco, la intransigencia y el dogmatismo que se han ido abriendo paso entre cierta izquierda, no harán más que reforzar las posiciones políticas conservadoras y nacionalpopulistas y, como un bumerán, se volverán contra los cambios que muchos juzgamos inaplazables para lograr una convivencia más justa y amable.”

 

Nuestra opinión sobre la corrección política

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Para nosotros es el viejo autoritarismo disfrazado de buenismo, como resume Escohotado.

Los defensores de la corrección política son moralmente superiores al resto, es por ello que corrigen nuestra forma de hablar y de comportarnos. Nos dicen qué cosas podemos decir y cuáles no. Qué comentarios son socialmente aceptables y cuáles constituyen una ofensa o discriminación.

Como si el resto no supiésemos comunicarnos con respeto y educación, este fenómeno se posiciona a favor de la inclusividad y las minorías para establecer determinados discursos, potencialmente dogmáticos, que debemos aceptar al 100% o pasamos a ser unos intolerantes, retrógrados o misóginos enemigos de éstas.

Abanderando valores como la tolerancia o el respeto, persiguen toda aquella opinión que difiera de la suya. Ellos están en posesión de La Verdad y, si no comulgas con su pensamiento único, te pueden señalar, estigmatizar y linchar públicamente.

La corrección política, fomentada por los medios de comunicación mainstream y los políticos, está tan arraigada en las sociedades occidentales que su tela de araña sobrepasa ampliamente el ámbito político. A través de corrientes como el presentismo histórico, la cultura de la cancelación, el lenguaje inclusivo o el dogma feminista, la imposición de lo políticamente correcto se extiende a la historia, a la literatura, al cine, al periodismo, al lenguaje e incluso a nuestras relaciones sociales. 

 

En definitiva, la corrección política impide el libre intercambio de opiniones estableciendo la censura y el pensamiento único. En las sociedades libres se respeta la pluralidad de opiniones y el disenso, frente a los totalitarismos caracterizados por el dogma, la censura, la prohibición y la imposición. 

Como identifican los autores previamente citados: la corrección política es un peligro para la libertad.