¿Cómo ha evolucionado la moda desde los años 80?

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Te asomas a la ventana y eres la chica de ayer, jugando con las flores en un jardín en el que la ropa solo servía para protegernos contra los inexorables agentes externos, como aquellos primeros hombres que empezaron a cubrir sus cuerpos para recolectar bajo la lluvia, cosechar frutos sin que sus piernas sufrieran (demasiados) arañazos o intentar que el frío o el calor intenso calara en sus pieles mientras echaban sus jornadas. ¡Benditos trapos los de entonces! Y es que la moda tiene su propia historia.

Pero el hombre prehistórico no contó con el doble filo de sus prendas protectoras: los ojos del que lo miraban y los reflejos. Y claro, empezó a dolerle la cara de ser tan guapo y los trapos pasaron a ser moda y, la moda, un símbolo de estética para diferenciarse entre los demás, para denotar incluso poder sobre otros. Con lo tranquilo que estaba el humano con el simple taparrabos…

Reminiscencias aparte, la moda hoy en día no es solo un conjunto de prendas colocados en una suerte de azar; ni siquiera pasarelas, maniquís imposibles o diseñadores que, más que prendas, venden fama. La moda es una experiencia que trasciende lo estético y que bien puede ponerse a nuestro servicio, bien nos maneja a su antojo.

Y es que la moda se contextualiza en según qué momento viva el usuario, las necesidades personales y las inquietudes sociales incluso políticas en las que se mueve el que busca, mediante la ropa, mucho más que aquello de vestirse para protegerse de los agentes externos.

La moda en los 60 y 70

Pensemos en la situación que atravesaba España en los años 60 y 70: un período limitante, totalitario, censurado y que abogaba al silencio. La necesidad de libertad y amplitud se reflejaba en el ancho de las campanas de los pantalones que también empezó a usar la mujer (¿casualidad?). Los colores y estampados luchaban por asomarse, atrapados en una burbuja que terminó explotando.

La moda en los 80

Y fue en los 80, en el Madrid de la Transición (o de la “Transacción”), donde esa explosión de sentimientos reprimidos dio alas a los que no tenían y recordó su uso a los que las tenían atrofiadas. La movida madrileña llenó de voces nuevas un panorama musical repleto de la misma locura por la expresión, la rebelión y la esperanza que se tradujo a todos los ámbitos: televisión, diseño, fotografía y, por supuesto, la moda. El color y la extravagancia reinaban de la cabeza a los pies: calzados imposibles, laca, hombreras, escotes, cuero asfixiante, encajes, estampados, negros brillantes y plataformas. Así estuvimos, enamorados de la moda juvenil… hasta que el enamoramiento se convirtió en cariño. La rutina es lo que tiene.

La moda en los 90

Porque en los 90 nos calmamos un poco. La cultura Dance, el Pop, las Spice Girls, nos hicieron reflexionar acerca de lo que we really, really want. Bajamos el nivel de decibelios de color y, aunque la campana y la amplitud en forma de chándales, tie-dye y oversize seguían en nuestro fondo de armario, las faldas a cuadros y los vaqueros se hicieron protagonistas de nuestras rutinas, tanto en forma de jeans como en chaquetas, en monos o petos. Las camisetas básicas para completar el look se hicieron piezas fundamentales, lisas de colores o blancas con estampados de grandes ilustraciones en la parte frontal.

La moda en los 2000

Nos movimos así durante buena parte de los 2000: entre pantalones deportivos, camisetas, pantalones paracaídas y suéteres. A medida que avanzaban los tiempos, los looks crecían en versatilidad: la mezcla de estilos se fundía con la propia globalización del mundo. Las etnias, los movimientos sociales y musicales daban lugar a estilos de vestir que pronto se hacían populares entre los jóvenes: hip-hop, emo, casual, skater, grunge, happy punk o el pop punk, incluso el boom del producto japonés y el cosplay, que sacaron de los pabellones los outfits para encontrarlos por cualquier línea de metro.

La moda hoy en día

Y hoy… seguimos. Aunque algunos se empeñan en querer seguir siendo Eminem, en un comeback eterno por la moda gangsta de tiro bajísimo, los pantalones de cargo parecen llevarse la palma para todos los eventos, tanto para hacer deporte como para ir a una cena de gala. Otras, mientras tanto, siguen soñando ser Carry Bradshaw, y pasean con Manolo’s y bolsas llenas de camisetas lenceras, mini tops y joggers cómodos para sus clases de air yoga. O del último blazer fabricado en cartón biodegradable, buscando miradas más que confort.

Y es que la moda es apariencia en su sentido más amplio: de nosotros, del mundo que nos rodea, de su evolución, política y social. Y también de su involución. Porque, en los momentos de represión, cuando la censura apremia y se enlosan voces, las prendas son la mejor forma de reivindicar posiciones, de romper con la rigidez de sistemas impuestos, de la corrección política y de poder ser tú. Si obedecemos a estándares incluso a la hora de vestir, ¿qué nos queda?

Por eso, si te gusta la estética punk, lúcela. Una cresta, parches, piercings, cuero, pantalones ajustados. No sigas códigos de vestimenta, siéntete bien sin ser un clon y sé feliz con un collar choker, un gorrito de lana o con camisetas contra la leyenda negra.

Al fin y al cabo, se trata de pagar la ropa, no pagar el precio de la moda. ¿No te parece?

 

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